De Whatsapp, hombres y calendarios.

Hace años, hice un trabajo en una trefilería. Tiene que ver con el hierro y la fundición. Una nave enorme, con varios operarios con su mono, en principio, azul.

Después de un rato trabajando, en una de las fotos, el ojo se me iba inevitablemente hacia el fondo, entre tanto hombre, ahí, limpia de aceites, aparecía una chica estupenda como Dios la trajo al mundo. No se veía otra cosa en el encuadre. Nada. A pesar de Manolo, el operario jefe, ni el destello de luz de la fundición. Nada de nada. Solo estaba Estefanía.

La criatura rubia en un calendario era la protagonista. Le pedí a Manolo que retirara a la modelo. Y la quitó. Si se fue Estefanía, apareció debajo Marisol, nacida un año antes. Quitamos a Marisol y apareció Sofía. Cuando iba a preguntar a Manolo los años que llevaba trabajando en la nave, por eso de calcular cuantas capas tiene la cebolla, llegó el joven hijo del jefe masterizado, a gritos e indignado. Le dijo a Manolo que inmediatamente retirara ese tacado de calendarios, ¡por favor!.

Qué cosas, parecía que nunca lo había visto.

¿Seguirá habiendo calendarios en las naves, de una forma tan pública, sin ningún complejo ni pudor?.

Lo que sí estoy segura es que ahora hay algo peor. Así como antes los lugares comunes solo para hombres podía ser la nave en la que trabajas, donde solo accedía un grupo privilegiado, ahora han encontrado un lugar común que pueden compartir solo con hombres. Y en ocasiones, ese lugar común se comparte con amigos de la infancia, con compañeros de aficiones, gente a la que uno está profundamente unido. Ese lugar común se llama Whatsapp. El Whatsapp garantiza un montón de cosas. Entre ellas la privacidad entre hombres. Ni siquiera una fotógrafa se te puede colar para decir que quites a Estefanía, Marisol, Sofía…, la libertad es total.

Pero no nos confundamos, no. Alguna chica se cuela. Y de muy buen ver. Como si de Torrente se tratara, uno se intenta superar a sí mismo y el grado de contenidos no puede ser más superlativo. Y ya sabemos todos de la competitividad entre hombres. El Whatsapp es la versión moderna del calendario de Estefanía, en modo efímero, que ya sabemos que las comunicaciones han hecho que todo caduque más rápido. Si antes Estefanía nos acompañaba todo el año, era una figura entrañable en la nave, cabina o taller, hoy en día, solo dura el minuto de gloria, antes de verse superada por otra compañera que nos enseña más arte todavía, más enjundia.

Cuanta ingratitud.

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