Numerosa familia.

Mi hermano Alfonso siempre fue un bala. Mientras una se partía los cuernos con su carrera de ingeniería, él no paraba. Y los ochenta dieron para muchas maldades y todas las conoció Alfonso.

Dejó los estudios porque no tenía tiempo y vivía como un rey. Mientras tanto, yo estudia que te estudia sin salir de casa.

En un intento de que todo mejorara, Alfonso se fue a Londres para aprender inglés. Al bajar del avión, sin mediar palabra, mi padre le solmenó una gran bofetada. Mientras tanto, mi madre se preguntaba qué hacía mi padre pegando a ese quinqui. Y es que Alfonso entendió a la perfección el más puro estilo punk, (ríete tú de la Westwood) y sólo mi padre, mirándole bien a los ojos, pudo reconocerle.

Pero lo que es la vida. Alfonso hoy en día tiene un buen trabajo, está soltero y sin hijos. Yo no, yo tengo un mal trabajo, estoy casada y con cuatro hijos.  Alfonso sigue viajando. Unos viajes tremendos, aventuras como si fuese Indiana Jones, a países que jamás osaría pensar que yo pisaría algún día. Mis viajes se reducen a casas rurales a no muchos kilómetros de la nuestra porque los gritos en el último tramo llegan a ser insoportables. Alfonso, no, él viaja en avión, en alguna ocasión se permite ir en primera coqueteando con las azafatas, si es que él siempre se arregla para pasarlo bien.

El año pasado conseguimos ir al extranjero. Un viaje muy esperado, otro país, otra cultura, diferente gastronomía… Los niños disfrutarían como locos. Llegó un momento que Disney me pareció maravilloso. Hasta comprendí el valor de Mc Donalds, el mejor restaurante del lugar. Qué cultura, qué imaginación. Qué estupenda falla valenciana.

Alfonso tiene un pisito de soltero en pleno centro, con un portero que te abre las puertas y te sube las maletas. Nunca hereda la ropa, compra vinos de primera y va a conciertos que, en ningún caso, son de “Cantajuegos”. Tiene un seguro privado, nunca coge un autobús, siempre va en taxi, es generoso con varias ONG y tiene un cuerpazo con sus años de quitar el hipo, su entrenador le ayuda mucho con éste tema, lo que le proporciona una salud de hierro.

Después de pensar unos segundos sobre mi situación y la de Alfonso, siento una envidia tremenda. Vivió siempre bien, haciendo lo que quería. A su lado soy una pringada. Eso si, pringada con estudios. E hijos.

Lo peor de todo, es que en mi caso, que no tengo un duro porque tengo cinco hipotecas (mi casa y mis cuatro hijos), que no puedo disfrutar de mi tiempo ni de un merecido descanso, que después de estudiar una carrera durísima mi trabajo es más bien mediocre, me he enterado ésta mañana, que yo voy a recibir una pensión menor que la de Alfonso. Pensión que aportarán, entre otros, mis cuatro hijos.

La bofetada la merecía yo en su momento.

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5 comments on “Numerosa familia.

  1. Y sin embargo, querida Merce, discrepo. La bofetada se la merecen quienes viven como no quieren. Personalmente no me parece q la vida de Alfonso sea la panacea. Lo dará el nombre?

    • Si, tienes razón. Lo malo es que el esfuerzo, el sacrificio, no se premian para nada. Yo no me cambio por éste Alfonso ni borracha, pero me siento profundamente timada.
      Al otro Alfonso le ponía yo un altar cuando lo veo esquiando con los niños…

  2. Nunca te fíes de las apariencias. A veces se es mas feliz comiendo un bocadillo de sardinas que el mejor caviar. Hay que disfrutar los pequeños momentos que la vida es corta.
    Besos!!!

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