Qué nervios.

Nunca lo entendí, ponerte nerviosa el día de tu boda. Si lo piensas, todo son amigos y familiares. No hay ningún motivo. Si lo organizas con tiempo, es pan comido. Yo, de mano, no me pongo nerviosa nunca. Todo lo tengo controlado. Normalmente. Quizás necesite una ayudita, pero poca cosa.

El secreto está en hacer todo con tiempo. Mi afán de perfeccionismo no me dá más opción. Por ejemplo, la peluquería. Menos mal que me hice tres pruebas antes de la boda. Siempre había algún mechón o algún bulto que no me convencía. Así estoy completamente segura de que todo saldrá como yo decido. Ni más ni menos. Lo único que se me escapó de las manos fue el cura. Un sevillano amigo de la familia. Las homilías que dá parecen monólogos del Club de la Comedia. Casi tenía convencida a mi suegra para sustituírlo. No lo sabría hasta última hora y eso me inquietaba. Pero alguna concesión habría que hacer. O no.

Dos meses antes de mi boda, estaba como la seda. Me tomé alguna valeriana de vez en cuando y todos los preparativos, trabajo, nueva casa, etc, marchaban sobre ruedas. Una temporada de mucho trajín pero poco más.

Una semana antes de la boda, conseguí quedarme de vacaciones. Era imposible concretar cosas desde el trabajo. Al dejar de trabajar tuve mucho más tiempo, si. Pero no podía dormir. Una amiga que ya había pasado por el trance, me recomendó tomar Orfidal. Y lo tomé. Y dormí. Qué delicia. Entre la valeriana y el Orfidal, vivía en una nube estupenda. Todo me daba igual. Solo quería dormir. Llegados a éste punto, he de decir, que es esencial contar con buenos profesionales para organizar tu boda, gente en la que confíes,  porque en éste preciso momento, si me dicen que salga de la iglesia en elefante; bien planteado, lo haría. Paz y amor.

La noche antes de la boda ni el Orfidal me hacía efecto. Casi no dormí. A la mañana siguiente (mi boda), mi madre me dió un Lexatín (ésto es muy suave, no hace casi efecto). De la nube pasé al globo. La peluquera sonreía. Una sonrisa casi inapreciable, muy sutil. Pero la ví. Y a mí me dió igual.

La maquilladora probó un nuevo look revolucionario y modernísimo. Yo me dije: qué más dá.

Hecha un guiñapo atravesé el pasillo de la iglesia y oía una voz dulce que decía: “vete hacia la luz”. Y yo iba. En realidad era mi hermana, que azotada gritaba: “el sacerdote es andaluz”. Menos mal que no me enteré. Ni de eso ni de sus chistes.

Y en fin, así pasé la ceremonia (según me dijeron pasó) y llegué por fin a la cena después de un par de copas para intentar bajarme de ese globo al que me habían subido.

La pena fue cuando caí encima del plato (según me dijeron) y amanecí en la habitación del hotel a las cuatro de la tarde del día siguiente.

Me casé con Orfidal, Valeriana y Lexatín. Con todos menos con mi marido, porque en el fondo de mi ser, mi secreto inconfesable, es que sigo soltera.

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10 comments on “Qué nervios.

  1. Pero Mer, eres un crack!! No sabia que era tuyo. Ya llevo leyendo varios…… genial, que artistaza.!! Enhorabuena!!

  2. No te imagino a ti nerviosa, ni con imprevistos de ultima hora…con lo tranquila que eres!!! O es que acaso nos tienes engañados y sigues siendo infiel a tu marido con el señor orfidal??genial guapa!! Escribe masssss

  3. Muy bueno Merce, como siempre…….está claro que tienes madera de artista!!! Nachin creo que no va a colar eso de dejar de trabajar……

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