Ponte cómoda

Mira que torturan los tacones. A quién se le habrá ocurrido. Eso sí, una vez que te subes, todo se ve de otra manera. Incluso hay personas a las que puedes mirar un poco por encima (me refiero a la altura). Pero lo mejor de todo, es ese porte que te dan. Cómo cae la ropa, qué estilo.

Llegas a una boda y todo son tacones. Pero entre todos, solo se ve a una. Una invitada que impresiona, vaya piernas, qué estilazo con esos pantalones, qué altura. El tocado le hace crecer y vale más que ni te acerques a ella, como mucho en la cena sentadas pero luego hay que huir. No hay quién le haga sombra, nada puede deslumbrarla.

Aunque pensándolo bien, todavía queda una posibilidad. Las zapatillas. Lo primero que hago, antes de ponerme a saludar, es acercarme a la zona del baile. Y sí, ahí están, ¡qué alegría!. Cestos inmensos con zapatillas de varios números. La venganza está servida.

Pasa la ceremonia y el aperitivo. Después de la cena ya llega el baile. Solo pido al cielo que esté agotada, será lo más probable, subida a esa altura. Hace un calor de muerte y todos los hombres aguantan estoicamente con sus chaquetas. Nosotras aguantamos nuestros tacones. Hasta ese momento zapatilla, liberador. Es una pena que no hayan puesto unos cestos para los hombres con un chaleco Pulligan al puro estilo Alvarez-Cascos, eso sí que es un buen vintage. Y cómodo. Estarían encantados, varias cestas con distintas tallas.

A mí no me baja nadie. Ni me acerco. Faltaría más, con lo que yo he luchado por éstos zapatos y con el tamaño que tengo sin ellos. Pero, sí, la diosa allí va al cesto para quitarse doce centímetros de altura. Bien. Doce menos.

Pobre mujer, el pantalón no está preparado para esta diferencia de altura y parece que cuelga demasiado. Vaya, hombre, se le ha manchado con la copa que se me ha caído al suelo.

Pero ahí no acaba la cosa. Cansada del tocado parece que lo deja junto a los tacones. Mirándola me da la impresión que está quitando una prótesis. Ahora la diosa es más terrenal que nunca. Si hasta la puedo mirar por encima. Es más. Lo puedo hacer con unas cuantas. Bailo a su lado. Pasada media hora, bailo a su lado. Después de otra hora más, bailo a su lado.Un par de copas y soy una diosa. Eso si, con debilidades humanas, de vez en cuando algo de gintonic se derrama en el suelo, vaya.

Nunca podré agradecer lo suficiente a mi amiga esas cestas de zapatillas.

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4 comments on “Ponte cómoda

  1. Jajaja!!! Que cierto Mercedes! Todas deseamos en algun momento ver caer del Olimpo a esas Diosas que al final nunca resultan serlo…
    En cuanto a ellos, la opción del chaleco alvarez cascos me parece inigualable!! Si nosotras perdemos el glamour, por que ellos no??
    Sigue escribiendo, me encanta el blog 😉

  2. Sigue sigue escribiendo…en la ultima boda me baje…..era la única de plano….que desfachatez….entre sandalias doradas de diez centímetros….siete ya son muy bajos ¡

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